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Newspaper of the Roman Catholic Archdiocese of Hartford, Conn.

Home Faith Update Bishop Peter A. Rosazza 'Felices los que tienen el corazon puro porque veran a Dios'
'Felices los que tienen el corazon puro porque veran a Dios' PDF Print E-mail
Tuesday, 05 January 2010 12:06

rosazza_halfJesús dijo: “Felices los que tienen el corazón puro porque verán a Dios.” Pero, ¿qué quiere decir, “puro de corazón?” ¿Cómo llegar a ser puro de corazón? Por supuesto es importante porque todos queremos ver a Dios. Pero, ¿es posible en esta vida o tenemos que esperar la entrada en la vida eterna?

El escritor bíblico inglés William Barkley dice que la expresión original griega se refiere a las personas cuyos motivos no son contaminados con el egoísmo. Aunque es lindo nos podemos desanimar porque mucho de lo que hacemos contiene por lo menos un poco de nuestro egoísmo. Por ejemplo, si doy algo para ayudar a una persona pobre, ¿espero que alguien reconozca mi gesto de caridad? Si ofrezco llevar a un anciano al médico, ¿espero que la persona y su familia me ayuden a mí en el futuro?

Entonces ser puro de corazón exige primero que nosotros hagamos un buen examen de conciencia teniendo en cuenta las palabras de Jesús, que la mano izquierda no debiera saber lo que hace la derecha.

Además, Jesús nos dice que los que tratan de servir a los demás sin interés personal llegarán un día a ver a Dios, aún en esta vida.

Hay muchos que creen que Jesús nos está diciendo de evitar los pecados contra la virtud de la castidad. Claro, sin embargo es solamente una parte del ideal. Para llegar a la pureza de corazón tenemos, con la gracia de Dios, que luchar con brazo partido contra la tentación de avaricia y la búsqueda de poder, prestigio y posesiones. Son pecados y empujes interiores que hinchan el egoísmo y obscurecen los corazones y mentes mientras que llegan a ser más importantes que Dios que debe ser la referencia primera y última de todos nuestros pensamientos y acciones.

Para poder ver a Dios tenemos que esforzarnos a ser más y más íntimos con Dios como tratamos de ser íntimos con otro ser humano. Lo hacemos por la oración, especialmente en presencia del Santísimo Sacramento y por la lectura de la Santa Biblia mientras que tratamos de asimilar lo que el Espíritu Santo nos dice a través de la palabra inspirada. Por supuesto los que quieren ser puros de corazón tienen que asistir con fidelidad a la santa misa cada fin de semana.

Pero, se puede preguntar, ¿ser puro de corazón vale la pena? Claro, porque desde lo más profundo de nuestro ser queremos ser buenas personas humanas. Mientras que luchamos para ser puros de corazón, llegamos a la capacidad de ver el mundo y los demás y el universo a través de los ojos de él mismo, Jesús. Es así como Orígeno, Padre de la primitiva iglesia, describió la santidad, es decir, ver con los ojos de Cristo.

Ahora vuelvo a un libro espiritual excelente que ha sido traducido al español y fue escrito por Timothy Radcliffe, padre dominico inglés y ex-superior general de todos los dominicos del mundo. El título es: “¿Porque ir a la Iglesia? El Drama de la Santísima Eucaristía.” El Padre Radcliffe es un hombre bien unido a Cristo. Por esto sus palabras ayudan a los lectores a apreciar aún más el Sacrificio Eucarístico.

Dice el Padre Radcliffe: “Tener corazón puro quiere decir que donde mires, a que objeto mires, ves a Dios que se revela de muchísimas maneras.” Los puros de corazón, librados del egoísmo, ven “el dolor y el horror de este mundo con más claridad que los demás. Ven el dolor de las heridas que infligimos los unos a los otros con más claridad que los demás. Sin embargo, son capaces de ver a Dios presente en cada ser humano… Si aprendemos a ser limpios de corazón, entonces veremos enterrado bajo los pecados y los fracasos, las semillas de un gran deseo de Dios, el hambre para la santidad, los esfuerzos defectuosos de amar, envenenados y embarrados pero todavía presentes.

Que Cristo nos conceda entonces el don de ser puros de corazón.

Hartford Obispo Auxiliar Pedro A. Rosazza es General de Vicario y Obispo Episcopal para el Apostolado hispano.