Catholic Transcript Magazine of the Roman Catholic Archdiocese of Hartford Connecticut

Wednesday, April 25, 2018

El mensaje cristiano que predicamos es un mensaje de vida. Jesucristo ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Su mensaje ilumina las diferentes situaciones humanas. Dios es el autor de toda vida. La gran dignidad del ser humano radica en que está hecho a imagen y semejanza de Dios. Dios valora tanto al hombre que murió por todos, sin excepción. Consecuentemente, proclamamos como cristianos, que "la vida humana es sagrada desde el momento de la concepción hasta la muerte natural".

Nuestra fe nos lleva a defender la santidad y calidad de vida en los diferentes momentos de la existencia prestando especial atención a aquellas personas que son más vulnerables e indefensas. La Buena Noticia que Jesucristo proclama es (Lc 4,18) "anunciar buenas noticias a los pobres, libertar a los cautivos, dar vista a los ciegos y liberar a los oprimidos".

Los Salmos y profetas nos enseñan que Dios nos escoge y nos llama desde el vientre de nuestra madre porque nuestra vida comienza allí. Desde que el espermatozoide se encuentra con el óvulo se forma un ser nuevo genéticamente diferente a la madre. Por este motivo abortar es contra la ley de Dios. La fe de la Iglesia siempre ha sostenido que Jesucristo se hizo hombre desde el momento en que María aceptó la propuesta de Dios a través del ángel. Cuando María visita a su prima Isabel, el Mesías y su precursor Juan Bautista se encuentran estando aun en los vientres de sus respectivas madres y Dios se glorifica a través de las palabras de María e Isabel.

Muchos gobiernos descriminalizan el que una mujer mate a su propio hijo, pero legalizar el aborto no hace que este sea moral. La voz de los cristianos debe hacerse sentir para defender aquellos niños aún no nacidos de quienes quieren negarles su derecho fundamental a la vida. Como cristianos debemos alzar nuestra voz contra formas no éticas de manipulación de embriones humanos y clonaciones. Aunque los fines parezcan nobles no por ello se justifica la destrucción de seres humanos ya formados.

El mensaje de vida también se refiere a que las personas después de nacidas tengan una vida digna y a que la sociedad luche por la pobreza en sus diferentes formas. Un derecho fundamental es el derecho a tener un cuidado médico digno y apropiado. La sociedad tiene la obligación moral de proveer cuidado médico a todos sus miembros, especialmente los más vulnerables, niños, ancianos, pobres e incapacitados. No podemos decir que defendemos la vida si no defendemos el derecho al cuidado médico de todos los vivos.

Nuestro mensaje de vida incluye defender y promover el acceso a la educación libremente escogida de todos los miembros de la sociedad, así nos aseguramos que la calidad de vida de las personas mejorará.

La reverencia por la vida implica la defensa por el derecho al trabajo y a unas condiciones laborales humanas y justas, con apropiada remuneración y beneficios. Jesucristo al hacerse un trabajador más, santificó esta actividad humana durante los primeros treinta años de su vida.

El mensaje salvador proclama una opción preferencial por los pobres luchando como sociedad para eliminar la pobreza, buscando que cada persona tenga vivienda digna y una alimentación apropiada. Especial atención deben de tener también, grupos tradicionalmente rechazados por la sociedad como los inmigrantes, los prisioneros, los enfermos de SIDA, los que tienen orientaciones sexuales diferentes, las minorías étnicas y raciales. Todos valemos mucho porque hemos sido comprados con la sangre de Cristo.

A nivel social el mensaje de vida de Jesucristo aboga por promover la justicia social, evitar la guerra y buscar la paz por medios pacíficos, se rechaza el uso preventivo de la fuerza militar.

El mensaje enfatiza el derecho individual a poseer propiedad y a tener libertad económica teniendo siempre una función social. El mensaje de vida protege la sociedad, rechazando el genocidio, la tortura y los ataques militares a civiles. Hay otros métodos distintos a la pena de muerte para proteger la sociedad. Si predicamos la vida, no podemos promover la pena de muerte.

La protección de la vida y de la sociedad implica proteger a la familia como Dios la formó desde el paraíso, proteger el gran valor de los enfermos y los ancianos y no permitir la eutanasia o el suicidio asistido, porque Dios es el único Señor de la vida y de la muerte.

Nuestra lealtad es con el mensaje de Jesucristo antes que con cualquier grupo político. Nuestro compromiso como Iglesia es el de llevar el mensaje total de vida, sin fragmentarlo, a los diversos sectores de la sociedad para que ilumine todas las decisiones publicas y se respete la dignidad de la persona por encima de cualquier interés político.

El autor vive con su familia en el área de New Haven

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