Catholic Transcript Magazine of the Roman Catholic Archdiocese of Hartford Connecticut

Wednesday, May 23, 2018

Cuando se efectúa un viaje entre dos lugares hay que prever muchas situaciones para que el viaje se pueda efectuar sin contratiempos. Se deben planear los costos, medios de transporte, alimentación, alojamiento, recreación, preparación para posibles emergencias e imprevistos y al mismo tiempo asegurarse de que todos los que viajen puedan felizmente llegar sanos y salvos a casa.

El Señor en nuestra jornada por este mundo de camino hacia la casa del Padre nos ha preparado lo necesario para que podamos llegar al lugar deseado al final de nuestra vida. El camino que como cristianos seguimos es el de la santidad al cual todos estamos llamados. La santidad es hacer la voluntad de Dios en la vida individual y comunitaria asemejándonos a Jesucristo con la ayuda del Espíritu Santo.

Dios nos asiste en nuestro caminar hacia el Padre a través de los sacramentos que son actos salvadores de Cristo quien los efectúa a través de la Iglesia mediante signos visibles. El Señor nos da la salvación que necesitamos en los diferentes momentos de nuestra vida: el bautismo en el nacimiento, la confirmación para el crecimiento, la reconciliación para sanar las heridas del pecado, la eucaristía para alimentarnos, el matrimonio para formar un hogar, el orden para consagrar un servicio a la comunidad, la unción de los enfermos en caso de enfermedad. Los sacramentos nos llevan a lo invisible de la gracia divina a través de lo visible: la palabra y los elementos como el agua, la imposición de manos, la confesión de los pecados, la unción con el óleo y el crisma, el consentimiento matrimonial, el pan y el vino. La persona debe conocer lo que se comunica, tener fe y querer recibir lo que Dios desea darnos bajo las condiciones de Dios.

El bautismo encomendado por Jesucristo (Mt 28,19-20) nos perdona el pecado original y todos los pecados. Comienza la vida nueva haciéndonos hijos adoptivos de Dios, miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, partícipes del sacerdocio de Cristo, y templos del Espíritu Santo. El bautismo es una marca imborrable por eso no se puede repetir y como es una gracia divina que no supone méritos humanos se le da a los niños para que también ellos desde muy jóvenes sean hijos de Dios. Otros sacramentos que producen marca imborrable son la confirmación y el orden y por eso se pueden recibir solo una vez.

La confirmación (Hch 8,14-17) transmite el Espíritu Santo para afianzar la gracia bautismal y ayuda a dar testimonio de Jesús mediante la palabra y las obras. Aporta dones y ministerios para el servicio de los demás en la Iglesia.

En la Eucaristía (I Co 11, 23-34) Jesucristo incluye a todos los miembros en su misterio de entrega y alabanza al Padre en la cruz y la resurrección. Al misteriosamente transformar el pan y el vino en su cuerpo y sangre da amor y alimenta a sus discípulos para que se transformen en Él.

 Jesús sabiendo que en el camino íbamos a caer le confiere el poder de perdonar los pecados en su nombre a los apóstoles (Jn 20,22-23). La confesión (St 5,16) supone arrepentimiento de los pecados y propósito de no volver a pecar, de esta manera nos reconciliamos con Jesucristo cabeza y con los miembros de su cuerpo que es la Iglesia.

 En la Unción de los Enfermos (St 5,14-15) Dios da salud y fortaleza y otorga perdón a los pecados. El enfermo recibe una gracia especial para enfrentarse a la enfermedad y la vejez.

El orden confiere un poder especial de servir a la Iglesia mediante la predicación de la Palabra, los sacramentos y el cuidado pastoral. Hay tres grados: diáconos, presbíteros y obispos (Tit 1,5; II Tim 1-6).

El Matrimonio da la gracia para que los esposos se amen como Cristo amó a la Iglesia, es decir, dando la vida el uno por el otro y por sus hijos (Ef 5,21-33). Los sacramentos de la eucaristía, orden, confirmación y matrimonio deben recibirse en gracia y por ello debemos confesarlos antes de recibirlos.

El Señor nos da abundantemente su gracia para que de acuerdo a nuestras necesidades nosotros podamos peregrinar hacia Dios. Él usa la Iglesia y los signos sensibles de los sacramentos para que no perdamos de vista el misterio que se nos da. Jesucristo nos salva no individualmente, sino en comunidad; y de esta manera cumple su palabra de estar con nosotros hasta el fin de los tiempos.

El autor vive con su familia en el área de New Haven.