Catholic Transcript Magazine of the Roman Catholic Archdiocese of Hartford Connecticut

Saturday, June 23, 2018

El auténtico cristiano desea entregarse al Señor y hacer su voluntad. Cómo hacemos en pleno siglo XXI para lograr esto? Jesús es bien claro y sencillo enseñándonos que “hace la voluntad de Dios quien cumple sus mandamientos” (Jn 14,15). Sin embargo, cada día y en cada circunstancia muchas fuerzas incitan para que nos acomodemos a la opinión del mundo, a lo que está de moda o piense la mayoría y se ve aquello que tradicionalmente ha practicado el cristianismo como algo incómodo o pasado de moda. Incluso dentro de la misma Iglesia hay corrientes que quieren tener una Iglesia de la comodidad, el beneplácito y el relativismo donde cada uno pueda hacer lo que quiera y se sienta a su gusto. A menudo se quiere una Iglesia complaciente, popular, que no tenga reglas y que nunca contradiga los deseos de sus miembros, en lugar de una Iglesia que sea fiel a la revelación de Dios.

El Señor nos hace un llamado en una dirección muy diferente: “No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto” (Ro 12,2). Indudablemente la voluntad de Dios está en contra de la manera materialista de pensar. “Porque mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya. Así como el cielo está por encima de la tierra, así también mis ideas y mi manera de actuar están por encima de las de ustedes”. (Is55,8-9).

El mensaje de Jesucristo nos coloca en polémica y oposición a lo que es del mundo, sin importar quien es: “No crean que yo he venido a traer paz al mundo; no he venido a traer paz, sino guerra. He venido a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; de modo que los enemigos de cada cual serán sus propios parientes. Él que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no merece ser mío; él que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no merece ser mío; y él que no toma su cruz y me sigue, no merece ser mío. Él que trate de salvar su vida, la perderá, pero él que pierda su vida por causa mía, la salvará” (Mt 10,34-37).

El reto es llevar una vida donde Dios esté por encima de todo y seamos fieles a ello aún a costa de nuestra propia vida. El apóstol Juan (I Jn 2,17) nos indica la validez y la finalidad de este estilo de vida: “Pero el mundo se va acabando, con todos sus malos deseos; en cambio, el que hace la voluntad de Dios vive para siempre”.

Dios quiere que al cumplir los mandamientos no simplemente no seamos malos sino que seamos buenos y más que buenos “que seamos santos” (I Ts 4,3). La búsqueda de la santidad implica un constante reconocer de nuestra dependencia de Dios: “Estén siempre contentos. Oren en todo momento. Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús” (I Ts 5,16-18).

Dios frecuentemente habla por medio de los acontecimientos y reconociendo que la manera de pensar de Dios es diferente a la nuestra “sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito” (Ro 8,28).

Cuando oramos, establecemos una relación con el Señor como Dios. A veces se cree que Dios no escucha nuestra oración, pero eso no es así. Dios sí escucha y Él responde a nuestra oración de acuerdo a lo que más nos conviene y cuando más nos conviene. La oración no es un proceso donde yo que me creo muy inteligente, trato de convencer a Dios para que haga determinada cosa que yo creo que es lo mejor, sin considerar que Él en su infinita sabiduría “sabe lo que a cada uno le conviene antes de que se lo pidamos” (Mt 6,8).

 La lucha diaria está en hacer lo que Dios quiere; y si queremos ser exitosos y lograr frutos que duren incluso después de nuestra muerte, debemos seguir la guía de los apóstoles (Hch 5,29) “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.

El autor vive con su familia en el área de New Haven.