Catholic Transcript Magazine of the Roman Catholic Archdiocese of Hartford Connecticut

Sunday, February 25, 2018

Padre-Jose-Mercado0001Nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, nos dijo en su mensaje durante el Ángelus del primer domingo de Cuaresma que "El mundo se mejora, comenzando con uno mismo, cambiando con la gracia de Dios lo que no va en nuestra propia vida." La Cuaresma es el tiempo oportuno para esta conversión personal—especialmente por el Sacramento de la Penitencia y Reconciliación (la confesión). Y tenemos que velar que no caigamos en la tentación de no aplicarnos este llamado a la conversión con la misma urgencia que a veces lo aplicamos para otras personas. Nos enfrentamos entonces con la gran tentación de decirle a Jesús, "Estoy listo."

En su Ultima Cena, Jesús le dijo a Pedro que Satanás le pedio "permiso para sacudirlos…como se hace con el trigo" (Lc 22:32). Pedro entonces le dice "Señor, estoy listo para acompañarte a la prisión y la muerte." Esa misma noche en el Jardín de Getsemaní, Jesús encuentra a Pedro y los otros discípulos durmiendo después que les dijese, "Oren, para que no caigan en la tentación." (Lc 22:40). Y ya bien sabemos como Pedro termina llorando amargamente después de haberle negado tres veces antes del canto del gallo.

Y aunque no hayamos aplicado este llamado a la conversión personal durante esta Cuaresma, nunca es tarde para acercarnos al trono de la misericordia de Dios en el Sacramento de la Penitencia y Reconciliación. Vemos que la historia de Pedro no termina en la tragedia de aquella primera Cuaresma, sino en la resurrección. San Juan en su evangelio nos dice que cuando Pedro negó a Jesús ante los sirvientes y guardias estos tenían "prendido un fuego con brasas." (Jn 18:18) para calentarse del frió de la noche. Y no es coincidencia que la próxima vez que San Juan utiliza la palabra "brasas" en su evangelio es cuando Pedro se encuentra con el Señor resucitado (Jn 21:9). En esta escena, Jesús resucitado cocinaba un desayuno de peces con pan sobre un fuego con brasas. Luego, después que hubiesen comido Jesús le pregunta a Pedro tres veces, "¿me amas?" (Jn 21:15-17) Nuestro Señor resucitado no le pregunta, "Tu que prometiste acompañarme a la muerte, ¿que te paso?" Al contrario, nuestro Señor misericordioso le pregunta tres veces como acto de reconciliación, "¿me amas?" Y después le dice, "Apacienta mis ovejas." En otras palabras, "tus pecados son perdonados, levántate y continua la misión que te ha encomendado."

Mis queridos hermanos, si buscamos un verdadero cambio en este mundo, una autentica conversión, todo comienza en nuestro propio corazón. Que mejor forma de celebrar este tiempo de Pascua que con la celebración del Sacramento de la Penitencia y Reconciliación (la confesión). Como nos dijo el Papa Benedicto XVI en su mensaje el primer domingo de Cuaresma, "Cristo vino al mundo para liberarnos del pecado y de la fascinación ambigua de proyectar nuestra vida prescindiendo de Dios." ¡Aleluya, Aleluya!

El Padre José A. Mercado es párroco de la Parroquia y Colegio San Agustín en Hartford y Director de la Oficina de Evangelización para los Hispanos en Bloomfield.