Catholic Transcript Magazine of the Roman Catholic Archdiocese of Hartford Connecticut

Thursday, February 22, 2018

Padre-Jose-Mercado0001Para cada uno de nosotros es muy fácil decir que Dios nos ama incondicionalmente; sin embargo, es otra cosa el verdadero significado intrínseco en la frase. En nuestra sociedad es muy común excusar acciones pecaminosas diciendo que Dios nos ama, no importa lo que hagamos. Esto es algo muy cierto, Dios nos ama como quiera que sea. Nos ama justamente como lo hizo con el joven rico que no fue capaz de hacerlo. Por su propia naturaleza, Dios es amor y nos ama incondicionalmente. Cualquier otra cosa, seria contra su propia naturaleza y su naturaleza nunca cambia. Ahora bien, amor incondicional no significa que El está feliz dejándonos hacer todo lo que queremos sin control como si fuese un padre indulgente. Él, no nos va a decir, "si tienes deseo de hacer algo—hazlo." Eso no es amor. Esto sería algo superficial y Dios no es nada superficial. Dios nos quiere "puros e inocentes" (Filipenses 1:10) y buscando ser "puros e inocentes" en nuestras vidas nos llevaría últimamente a ser verdaderamente felices en nuestras vidas. La sociedad por otro lado nos dice que no existe tal cosa como el pecado.

Jamás olvidare que después de una discusión en la clase de ética en la Universidad, mis compañeros de estudio me decían que "yo tenía que ir con los tiempos—ya que las cosas cambian." Esto es cierto, algunas cosas cambian—nosotros cambiamos—algunas veces por lo mejor y otras veces por lo peor. Dios, quien es todo amor y todo el bien, nunca cambia sus leyes morales que están enraizadas en la ley natural y su paso hacia la santidad, no importa cuán difícil pueda parecer debido a nuestra flaqueza humana es la ley del amor. Este es el camino para una vida, vivida a su máximo grado. Esta es una vida de plenitud humana moviéndose hacia una vida que es divina. Podemos caer en la trampa en que cayeron Adán y Eva, al dejar que el orgullo rija nuestras vidas. Cada uno de nosotros debe dejar que Dios y su Iglesia nos lleven por el camino que está lleno de la verdad y vida abundante en la Fe. San Juan el Bautista, proclamó un bautismo de arrepentimiento para alcanzar el perdón de los pecados. En otras palabras, jamás podremos experimentar el amor de Dios, y el afecto de Jesucristo, a menos que reconozcamos nuestros pecados.

Para estar en la presencia de Dios hay que estar limpios. Permíteme una comparación muy simple que encierra una verdad entre nosotros. Yo tenía un perrito Chihuahua, llamado Toby, al cual tenía mucho afecto. El hacia todo lo que yo le pedía y era fácil de persuadir. Pero había una cosa a la que temía mucho y no era de su agrado: el baño. Si él se imaginaba siquiera que yo le llevaba hacia donde estaba el cubo de agua con jabón y una manguera, espetaba sus garras en la tierra y casi quedaba inmóvil. Yo, trataba de acariciarlo. Le decía, está bien, o le ofrecía un aperitivo, pero él no cedía. Finalmente, tenía que agarrarlo y llevarlo al agua, y tan pronto comenzaba a bañarlo se resignaba y se calmaba. Cuando terminaba de darle el baño, corrió como un gato y sacudía el agua de su cuerpo con verdadera alegría y no se escapaba. A veces, nosotros tenemos sentimientos similares con la limpieza que Dios quiere darnos en el confesionario con la celebración del Sacramento de Penitencia y Reconciliación, el cual es como un segundo bautismo. Podríamos pensar que "estoy suficientemente limpio." Pero Dios no piensa de la misma manera. Él nos quiere "puros e inocentes."

El amor incondicional de Dios que se hace evidente en Jesús no significa indulgencia. El no es un padre que lo permita todo, como aquel que le gusta "observar a sus hijos cuando se divierten." Él es un padre amoroso el cual espera lo mejor de sus hijos—que seamos "puros e inocentes" a su vista, todos los días de nuestras vidas. Dios, nos invita continuamente, a que reconozcamos nuestros pecados, para alejarnos de ellos y dejarnos que Él mismo nos limpie—este es el gran afecto y amor que nos tiene Cristo Jesús.

 

El Padre José A. Mercado es párroco de la Parroquia y Colegio San Agustín en Hartford y Director de la Oficina de Evangelización para los Hispanos en Bloomfield.