Catholic Transcript Magazine of the Roman Catholic Archdiocese of Hartford Connecticut

Wednesday, May 23, 2018
En febrero del 2007 se cumplieron cuarenta años de la Renovación Carismática Católica. La profunda experiencia espiritual que empezara en un modesto retiro de profesores y estudiantes universitarios ha tenido un impacto que se ha extendido a millones de católicos en todo el mundo. La Renovación desde sus comienzos atrajo la atención de los líderes de la Iglesia. Los obispos de Estados Unidos en una exhortación pastoral titulada “Gracia para una nueva primavera,” publicada en 1997, dicen: “El impacto de la Renovación Carismática en toda la Iglesia ha sido significante. La Renovación ha alimentado la llamada de todos a la santidad como un regalo del Espíritu Santo y ha ayudado a la Iglesia a ser más consciente de la presencia del Espíritu Santo y a esperar más vivamente sus acciones junto con sus dones carismáticos. La Renovación Carismática ha llevado al pueblo de Dios a un reavivamiento del ministerio de sanación, animando al pueblo – laicos y clero – a orar por los enfermos con fe y expectación.

“La Renovación ha renovado la apreciación por la alabanza en la oración individual y comunal y ha enriquecido la Iglesia con muchos músicos con talento, ministerios de música, y compositores. La Renovación ha demostrado un compromiso serio con el Papa, con los Obispos, y con las enseñanzas ortodoxas. Las vocaciones al sacerdocio, al diaconado, y la vida religiosa han sido fomentadas. Ha identificado y desarrollado los dones de los laicos quienes están sirviendo hoy en una gran variedad de ministerios eclesiales; por ejemplo, en la liturgia, educación religiosa, ministerio de jóvenes, y ministerios para la transformación del mundo”.

Paulo VI en 1975 se dirigió a los miembros de la Renovación en los siguientes términos: “Este auténtico deseo de situarse ustedes en la Iglesia es un signo claro de la acción del Espíritu Santo. Cómo no va a ser una oportunidad, esta ‘renovación del Espíritu’, para la Iglesia y el mundo? Y cómo, en este caso, uno no debería hacer todo lo posible por procurar que permanezca así”?

Juan Pablo II en varias ocasiones glorifico a Dios por el don que representa la renovación para la Iglesia y el mundo: “Yo gustosamente me uno a ustedes para alabar a Dios por los muchos frutos que [la Renovación] ha dado en la vida de la Iglesia. El surgimiento de la Renovación después del Concilio Vaticano II fue un particular regalo del Espíritu Santo a la Iglesia”.

Por su parte Benedicto XVI, cuando como Cardenal Ratzinger servia en la Congregación Pontifica para la Defensa de la Fe en varias ocasiones describió el significado de la Renovación Carismática: “En el corazón de un mundo imbuido con un racionalismo escéptico, una nueva experiencia del Espíritu Santo toma de pronto impulso hacia delante. Y desde entonces esa experiencia ha sido el aliento de un movimiento de Renovación mundial.

Lo que el Nuevo Testamento nos dice sobre los carismas – los cuales eran vistos como signos visibles de la venida del Espíritu Santo – no es solamente historia antigua, terminada y concluida, sino que se convierte de nuevo en algo de actualidad”.

A medida que se va dando la experiencia espiritual de las personas a través de una vivencia especial con el Señor resucitado y se experimentan los dones del Espíritu, se hace necesario interpretar y orientar la experiencia a la luz de la doctrina de la Iglesia. Así es como el Cardenal Ratzinger dice: “¿Cuál es la relación entre la experiencia personal y la fe común de la Iglesia? Ambos factores son importantes: una fe dogmática sin el respaldo de una experiencia personal se mantiene vacía; la experiencia personal sola sin relación con la fe de la Iglesia, se mantiene ciega”. Esto por su parte implica, dice el Cardenal, “que los responsables del ministerio eclesiástico, no dejen pasar la Renovación sin darle la plena bienvenida, y por la otra parte, a los miembros de la Renovación, que quieran y mantengan su relación con toda la Iglesia y con los carismas de sus pastores”.

Cuando de carismas se trata el discernimiento es necesario. El Señor ya había advertido cuando dijo: “Por sus frutos los conoceréis”. La autentica experiencia carismática en ningún momento puede estar en contra de Jesucristo y de su Iglesia. Nunca lo debe alejar a uno de los medios que Dios ha puesto para la salvación como los sacramentos, la verdad de la revelación, el magisterio eclesiástico y la unidad de la Iglesia. Se debe determinar si el carisma en cuestión es obra de Dios o de los hombres. Tener un carisma no es señal de santidad. Hay que evitar que se centre la atención en los carismas olvidando al Señor que da los carismas. Hay que recordar que el Señor da los carismas para beneficio de toda la Iglesia y no sólo de la Iglesia local, por ello no puede haber contradicción entre los carismas y la misión católica y apostólica de la Iglesia.

El Cardenal Ratzinger hablando de los posibles peligros inherentes a la renovación aclara: “como cualquier otra realidad confiada a seres humanos también está expuesta a malentendidos, mal interpretaciones y exageración. Pero seria peligroso ver solamente los riesgos sin ver también el regalo ofrecido por Dios. Las precauciones necesarias en ningún momento alteran mi juicio fundamentalmente positivo”.

La evaluación hecha por los pastores de la Iglesia nos permite entender que al definir el rol de la Renovación en la Iglesia, ella más que ser parte del problema o de las crisis que se viven en el mundo actual, es parte de la solución siempre y cuando se siga manteniendo Carismática (obediente a los impulsos del Espíritu) y Católica (conectada con la Iglesia local y universal, fiel a la Sagrada Escritura, a la Tradición Apostólica y al Magisterio).

Héctor G. Lizcano, psicólogo y trabajador social, tiene estudios de teologia y filosofia.