Catholic Transcript Magazine of the Roman Catholic Archdiocese of Hartford Connecticut

Sunday, April 22, 2018

El mensaje de la Virgen de Guadalupe ha sido de gran impacto  y sus efectos se van actualizando con diariamente en la Iglesia de hoy. El sacerdote Virgilio Elizondo, considerado el padre de la Teología Latino/Hispana en los Estados Unidos, refiriéndose al evento de Guadalupe dice que  “no hay otro evento después de Pentecostés que haya tenido un impacto en la cristiandad tan revolucionario, profundo, duradero, de largo alcance, sanador y liberador”.

Las narraciones ubican el encuentro del Indio Juan Diego con la Virgen María  en 1531. Ella le pide que vaya donde el obispo de México y le solicite que le construya una Iglesia donde ella desea mostrar a su hijo Jesucristo y darlo a conocer a todas las gentes. El obispo pidió una prueba y María le indicó a Juan Diego que llevara envueltas en su manto unas flores que no crecen en invierno. Cuando el indio extiende su manto y caen las flores, aparece la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe estampada en su manto. Este acontecimiento fue tan significativo que en los siguientes diez años ocho millones de aztecas se convirtieron al cristianismo y abandonaron sus rituales paganos de sacrificios humanos.

La imagen de la Virgen es asombrosa porque el tejido que normalmente no dura más de 20 años lleva ya 477 sin deteriorarse. Los estudiosos dicen que no se hallan imprimación, ni bocetos previos ni pinceladas en la imagen. La pintura no tiene ingredientes conocidos y los ojos de la Virgen al ampliarse digitalmente 2500 veces presentan doce imágenes humanas que coinciden con las de las personas presentes en el momento de su aparición ante el obispo. Aunque las apariciones  y de la imagen son asombrosos, examinaremos más bien el mensaje que todo esto representa.

El evento de Guadalupe es una Teofanía, una manifestación de Dios:

Dios Padre por la acción del Espíritu Santo envía a su hijo para que se haga hombre en las entrañas de María y entregue su vida por nuestra salvación. El protagonista de la manifestación en la imagen no es la Virgen sino su hijo Jesucristo que está en su vientre. Dios, tal como lo canta María en el Magníficat, manifiesta su predilección por los pobres y marginados,  en este caso los indios,  exaltándolos. Ellos al igual que María son pobres y humildes. La imagen destaca algunos símbolos indígenas: María aparece con facciones mestizas, embarazada, rodeada de luz porque lo que lleva en su vientre es el Hijo de Dios que va a nacer “en el centro de la luna”, México  en lengua nátuahl. Hay en su vientre una flor que entre los  nátuahl simboliza la presencia de Dios, la plenitud, el centro del espacio y el tiempo.

María le habla a Juan Diego en nátuahl y no en castellano, con mucha familiaridad y confianza haciéndole sentir que ella es de los nuestros. Su manifestación como mestiza implica un mensaje inclusivo donde Dios a través de María llega a México y a todo el mundo sin exclusión alguna.

María embarazada es migrante. Después de recibir a Dios en su vientre corre a compartir su alegría y agradecimiento con su prima Isabel. Luego migra de Nazareth a Belén y peregrina busca un lugar donde pasar la noche. Cuando Herodes busca al niño Jesús para matarlo, migra hacia Egipto para proteger la vida de su hijo. Cuando el peligro pasa, regresa de Egipto a Nazareth como lo hizo el pueblo de Israel en su migración a la tierra prometida. Ella lleva consigo al Dios que migra desde el cielo para liberarnos de nuestras culpas y esclavitudes.

El Espíritu Santo, quien dirigió la acción salvífica de los relatos bíblicos, la continúa efectuando desde el día de Pentecostés, y ese mismo Espíritu actúa en Tepeyac para que todos los habitantes de las Américas y del resto del mundo continúen recibiendo la salvación de Jesucristo que se compromete con los pobres y marginados sin excluir de su mesa a ninguno de los demás, incluyendo a los niños  sin nacer.

La manifestación del Espíritu Santo en Tepeyac continúa siendo activa en la Iglesia contemporánea, especialmente entre los Latinos en los Estados Unidos. Él mensaje de Guadalupe proclama que Dios se ha hecho uno de los nuestros, migrante, pobre, marginado, despreciado y discriminado. Él habla cualquiera de nuestras lenguas y hasta se expresa en Spanglish. Él se identifica con nuestras diarias preocupaciones: las enfermedades físicas y mentales, la  falta de seguro medico, las limitaciones lingüísticas, la educación de nuestros hijos, las discriminaciones por nuestro color de la piel, lengua y origen nacional, la drogadicción, la violencia domestica, el abuso infantil, el SIDA, la soledad, la explotación laboral y muchísimas otras cadenas.

El mensaje guadalupano donde Juan Diego es tratado respetuosamente como persona, es un mensaje de esperanza, solidaridad, tolerancia, unidad, integración, reconciliación y liberación. Al acercarnos al misterio allí presentado, descubrimos que somos objeto del amor de Dios  y que al migrar a este país, Dios tiene un plan para nosotros para que nos realicemos como personas, como familia y como comunidad. Él quiere que como Iglesia lo amemos a Él comprometiéndonos a construir puentes y a derribar barreras entre los seres humanos. Al hacer esto Dios se hace presente entre nosotros.

El autor vive con su familia en el área de New Haven.