Catholic Transcript Magazine of the Roman Catholic Archdiocese of Hartford Connecticut

Monday, May 21, 2018

Hace días vi una valla que leía: "Lo que no sabes puede matarte". El contenido de dicha frase se puede aplicar a muchas situaciones de la vida diaria incluyendo la vida cristiana. Es alarmante el nivel de analfabetismo espiritual que hay entre nosotros. Las personas se educan mucho en materia de política, tecnología, autos, inversiones, impuestos, comidas y estilos de vida saludables, pero casi no se educan acerca de su fe.

Muchas veces el nivel de conocimiento de las verdades religiosas se limita a lo que un chico de siete años podría conocer. Por este motivo estamos en realidad en una crisis de educación de nuestra fe. Nuestra ignorancia puede hacernos mucho daño porque nuestra fe no crece y no madura y nuestro testimonio ante el mundo es pobre y muy limitado.

Lo primero que debemos hacer es conocer la revelación de Dios transmitida inicialmente mediante tradiciones orales. Posteriormente, los autores sagrados, inspirados por Dios, escribieron la Sagrada Biblia que es un libro que nunca debe faltar en ninguno de nuestros hogares.

En el Nuevo Testamento las enseñanzas de Jesús fueron transmitidas por la predicación de los apóstoles y luego escritas; pero, como la misma Biblia lo dice (Jn 21, 25), muchas cosas hizo Jesús que no están escritas allí; por ello, además de las Sagradas Escrituras, encontramos la Tradición Apostólica como fuente de fe para los creyentes. La Biblia es la palabra inspirada de Dios y contiene la historia de la salvación desde la creación del mundo hasta las enseñanzas del último de los apóstoles en el Apocalipsis. Sin embargo, Dios nos habla y encomienda a los apóstoles, a sus sucesores y a la Iglesia el tesoro de la revelación para que ella con la autoridad dada por el Espíritu Santo interprete correctamente el sentido de lo que las Escrituras quieren decir e ilumine las diversas situaciones que se presentan en cada época a la luz de la revelación. En varios lugares, Jesús manifiesta su voluntad: "el que a ustedes oye, a mi me oye; y el que a ustedes rechaza, a mi me rechaza… (Lc 10, 16)" a Pedro, cabeza de los apóstoles y a sus sucesores, le encomendó: lo que ates en la tierra será atado en el cielo; y lo que desates en la tierra será desatado en el cielo" (Mt 16,18-20). La lectura de la Biblia requiere que se nos explique (Hch 8, 31) porque es necesario que entendamos los géneros literarios en que está escrita y lo que Dios quiere decir a través de esas palabras expresadas en contextos históricos y culturales y términos literarios humanos.

La Biblia no se puede interpretar arbitrariamente de una manera privada, porque de lo contrario resultan tantas interpretaciones de la Biblia como personas la leen y por ese motivo es que muchas sectas cristianas se multiplican. San Pedro (II Pe 1,20) nos previene para que esto no suceda cuando nos dice: "la Escritura no es de privada interpretación".

La Iglesia ha predicado y enseñado en su Magisterio por más de dos mil años las enseñanzas de Jesucristo transmitidas por la predicación de los apóstoles y sus sucesores y que han sido consignadas en la Biblia y la Tradición Apostólica incluida en las enseñanzas de la Iglesia primitiva en lo que llamamos los Padres de la Iglesia.

La Iglesia fundada sobre la roca de Pedro y sus sucesores está asistida por el Espíritu Santo que hace que la Iglesia no sucumba ante los poderes del infierno (Mt 16, 18) y pueda mantener viva la Palabra y la acción de Dios a través de la historia.

La Iglesia ha sintetizado sus enseñanzas doctrinales en el Catecismo de la Iglesia Católica que resume las verdades fundamentales de nuestra fe. Este es un libro que debe estar en todos nuestros hogares porque nos ayuda a ilustrarnos sobre las verdades de nuestra fe y a dar cuenta de lo que creemos. No hay excusa para no leer y estudiar la Biblia y el catecismo.

Es conveniente que, usando los medios modernos, nos ilustremos a través de escritos, retiros, conversaciones con los sacerdotes, obispos y líderes en comunión con la doctrina de la Iglesia. Recomendamos el uso del Internet en los sitios del Vaticano, las Conferencias Episcopales de los distintos países y la página del Episcopado Latinoamericano (CELAM) al igual que las páginas de ACIPRENSA, Catholic Net, EWTN y Zenit.

Estamos llamados a acabar con la ignorancia espiritual que tanto daño hace a nuestra vida espiritual y a la labor de testimonio cristiano en el mundo de hoy. De esta manera, lo que nosotros aprendamos y practiquemos será para bien nuestro y de muchas personas y nos ayudará a vivir plenamente ahora y siempre.

El autor vive con su familia en el área de New Haven

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